La paradoja de la historia humana

Mi admiración por Voltaire es evidente, pero en la historia de la humanidad podemos contar a otras personas extraordinarias cuyos saberes nos permitieron avanzar desde el hambre y la ignorancia hasta la satisfacción de nuestras necesidades y el conocimiento. Un gran número de esas personas fueron europeas, como el lector podrá comprobar en el ensayo que estoy escribiendo: Europa, mon amour.

En ese libro menciono a decenas de «inmortales», hombres y mujeres, que asombraron al mundo por su inteligencia y su saber. A ellos debemos la cultura y la ciencia de Occidente, que impregnarían al resto del planeta. Fueron legión: Aristóteles, Donatello, Leonardo, Miguel Ángel, Cervantes, Shakespeare, Rubens, Newton, Mozart, Montesquieu, Rousseau, Darwin, Lovelace, Curie, Brecht, Fellini y otros muchos más. Recordarlos nos debería servir para refrendar que somos Sapiens.

Sin embargo, y esta es la paradoja, vivimos en unos tiempos grises, teñidos de indiferencia, desorientación e, incluso, miedo. No sabemos a dónde vamos. La ciencia sigue su camino a la velocidad de la luz, pero social y humanamente hemos perdido el rumbo. Ya no tenemos «inmortales» que nos muestren el camino.

Pero la historia nos demuestra que los humanos somos capaces de evolucionar, de salir adelante. Ya no están con nosotros los «inmortales», pero sí sus enseñanzas. Además, sabemos cuáles son las enfermedades que padecemos: la desigualdad y la intolerancia. Los optimistas creemos que tienen cura.

Le invito a leer El capitalismo inteligente.

19 de noviembre de 2025